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jueves, 16 de agosto de 2012

Solo por olvidarte


Hoy, quién lo diría,
apenas te recuerdo,
sino como bruma tibia,
como leve ensueño veraniego
bajo la higuera perfumada,
cuyo efluvio marea
con quiméricas misivas
al joven pastor.
                     
Y cuando te recuerdo,
quién lo diría,
recuerdo mi dolor punzante,
casi letal,
y el desconsuelo;
y el destierro
a la tierra fría,
a la espera del beneplácito.
Y recuerdo,
vida mía,
cómo hasta el postrer instante
mis ojos húmedos,
ilusos, suplicantes,
buscaron los tuyos,
en vano,          
entre la multitud,
aquella mañana,
en aquella estación.

Me emborraché, aniquilado,
en luminosos tugurios de Flandes,
con aquel vino virtuoso,
escanciado con arte
por nobles ascetas,
solo por olvidarte.

Me anegué, destrozado,
en la sofisticada ciénaga,
por apurar mi desahucio,
y, por obra de arte,
¡oh, Allah!, retoñé, transmutado.
Solo por olvidarte.

Desfilaron ya,
quién lo diría,
doce otoños (y otro en camino),
y tu estela
se desvanece
día a día,
cual humo de sándalo,
áspero y dulce a la vez.

Mas también recuerdo,
vida mía,
tu rostro de reina,
tu grácil talle
de gacela libre;
las tardes luminosas,
las noches de gloria
y aquellos días apacibles
en los que el mundo cambió.

José Urbano Priego © 2012

1 comentario:

Inma de Celis dijo...

¡Qué triste y a la vez qué ternura!

Es bonito que aunque algo se termine pero se recuerden los momentos bellos.
Tu poema es una lección de humildad y de sabiduría querido amigo, me has emocionado.
Te mando muchos besos y mis felicitaciones