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10 julio 2013

Romance del desapego

El barquito que yo tengo
ya no quiere regresar
ni a bahía reputada
ni a su caleta de sal.

El barquito que yo tengo
dolorido viene y va
al compás de las tormentas,
al amparo de la mar.

Ya no quiere calafates,
ni estibas, ni batallar;
ya no quiere parabienes,
ya no quiere ni agradar.

Ya no quiere derroteros,
ya no quiere ni arribar.
Ya no quiere más riberas
ni vestigios de su hogar.

Sino bogar despacito,
abandonarse a la mar;
cicatrizar tanto agravio,
desvanecerse en Allah.

El barquito que yo tengo,
dolido, me quiso hablar:
«Por más que ofrezco mis velas,
zarpazos vuelan a dar.

Los lanzan envidia y celos,
azotes de la humanidad,
carcomiendo tu entereza,

zahiriendo a la verdad».

José Urbano © 2013

18 febrero 2012

Romance del desengaño

 Si deseas visitarme,
ignoras cuánto me halaga
que me regales tu tiempo,
que me cuentes tus hazañas.
Si deseas visitarme,
corre, que la puerta es ancha,
navega entre los delfines
o vuela entre las gaviotas.
Ven, si quieres, no demores.
En la alforja nada pongas,
ni primorosos objetos,
ni licores ni esmeraldas.
Pero no vengas con trucos,
te lo ruego, si me estimas;
no te traigas subterfugios
y aún menos las mentiras;
la vanidad no acarrees,
ni poses ni egolatrías.
No vengas para inquietarme,
pues herirás la armonía.
Ven como tú eres: amable,
sublime por tu franqueza.
Ven humilde como un astro
que trasciende la apariencia,
que ilumina los metales,
que permite la experiencia.
En verdad, poco te ofrezco:
el calor de la candela,
tomillo, almizcle y té,
y buena dosis de holganza;
luengas conversaciones o
el silencio ante la hogaza;
tierno canto de gorriones
o bramido de tormentas;
olor de campos antiguos
con verdores de manzanas...
Y si deseas quedarte,
princesa, qué no daría
por domar al desengaño
y abrazarme a tu alegría.

José Urbano Priego © 2012