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08 marzo 2010

Miguel Hernández, desamordazado y regresado

Se cumplen cien años del nacimiento del poeta
Treinta y un años de vida. Tres mil páginas de obra. Y un mito incomparable. Aún de más difícil cotejo si nos cuentan que Miguel Hernández publicó sus primeros versos en la prensa local de Orihuela en 1930 cuando aún apacentaba su rebaño de cabras por tierras alicantinas. Once años pues de tenaz actividad literaria y tardía militancia política, hasta que la tuberculosis nos arrebató su "bella calavera" en una cárcel franquista en 1942. Este año se cumplen cien años de su nacimiento.

Un zurrón de versos
En Orihuela, "su pueblo y el mío" nació Miguel Hernández el 12 de octubre de 1910. El que para Dámaso Alonso fuera "genial epígono de la generación del 27" vino al mundo en una humildísima familia de pastores alicantinos y logró asistir brevemente a la escuela hasta que el padre abortó su exigua formación, en 1925, le obligó a vestir la zamarra y le envió a cuidar del rebaño familiar. El joven cabrero guarda entonces en el zurrón lápiz corto y libros de poemas prestados en la biblioteca pública de Orihuela y lee con fruición los gruesos tomos de la Biblioteca de Autores Españoles. ¿Sus maestros? Todo el Siglo de Oro español, Cervantes, Lope, Calderón, Garcilaso, muy especialmente Góngora. Miguel sabe desde muy pronto que su biografía futura fatigará más los versos que los andurriales. El joven Hernández participa en la tertulia poética en la tahona de su amigo Carlos Fenoll junto al que luego será su "compañero del alma" José Marín Gutiérrez, alias "Ramón Sijé", destinatario futuro de la más portentosa elegía de las letras castellanas, y sus primeros poemas ven la luz en El Pueblo de Orihuela en enero de 1930 y después en otros medios provinciales como El Día de Alicante.

Madrid y República
El 14 de abril de 1931se proclama la II República tras las elecciones municipales que dan la victoria a los republicanos en las grandes urbes, no así en la España rural donde los partidos monárquicos ganan abrumadoramente. Orihuela por ejemplo, bate el récord nacional de apoyo a un Alfonso XIII ya camino del exilio, con un 90% de apoyo.

Madrid es la obsesión épica de los sueños republicanos y hacia allí coge un tren, merced a un sablazo gestionado por Ramón Sijé, el pobre, inquieto y febril Miguel Hernández el 30 de noviembre de 1931. Nadie le recibe ni acoge, el desencanto es inmediato. Logra que el futuro ideólogo de falange Ernesto Giménez Caballero le presente como "otro nuevo poeta pastor" en La Gaceta Literaria. Y poco más. A principios de mayo de 1932, enfermo y desahuciado, regresa a Orihuela.

Perito en lunas y el desplante de Lorca
Miguel no ceja. Tras el fracaso de su primera aventura madrileña se lanza a la publicación de su primer poemario que titulará Perito en lunas. Financiado gracias a la incansable búsqueda de mecenazgo a la que se apresta nuevamente el incansable Ramón Sijé, el libro, barroco y gongorino, compuesto por 42 poemas en octavas reales, se publica en enero de 1933.

La obsesión del "poeta cabrero", desde su inmediata publicación, es obtener el beneficio o, al menos, la sencilla atención de la crítica. Con ese fin dirige entonces toda suerte de misivas a escritores y poetas, entre ellas su conocida y arrogante correspondencia a Federico García Lorca, a quien, sin acuse alguno, había enviado su libro, que empieza así:
"Sr. Don Federico García Lorca.
Admirado poeta y amigo:
Le escribí hace mucho pidiendo elogios, aunque ya se los había oído, para mi Perito en lunas. Y aquí me tiene usted esperándolos, entre otras cosas".
Tras una segunda y más virulenta carta, la alergia del ya internacional poeta granadino hacia el joven cabrero de Orihuela se tornará legendaria.

Regreso a Madrid
A la segunda visita de Miguel Hernández a Madrid en noviembre de 1934 va la vencida. A su llegada colabora con las Misiones Pedagógicas, participa en la enciclopedia taurina de José María Cossío y con la Revista de Occidente y se gana su sitio de pleno derecho en el ambiente literario de la capital. Traba amistad con Maruja Mallo, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda y su poesía da un bandazo hacia el compromiso con la izquierda que se hará carne en su fundamental El rayo que no cesa (1936).

En diciembre de 1935 fallecía Ramón Sijé, lo que desencadenaba la inmortal elegía de Miguel Hernández cuyos versos finales “a las desalentadas almas de las rosas,/ del almendro de nata te requiero,/ que tenemos que hablar de muchas cosas,/ compañero del alma, compañero” difícilmente podrán borrarse de nuestra memoria cultural.

Un poeta en las trincheras
No es poca mala suerte que la plenitud intelectual y vital de un hombre vaya pareja a la caída de su país en la violencia fratricida. Y es que el estallido y enquistamiento salvaje de la Guerra Civil que había comenzado con el alzamiento militar del 18 de julio coincide con la mejor y más desolada obra de Hernández, así como con su matrimonio, la paternidad, la cárcel y la muerte. Son los años de Viento del Pueblo, Poesía en Guerra (1937), de sus versos militantes declamados en las trincheras del Quinto Regimiento, de su feliz casamiento con Josefina Manresa, aquella linda muchacha que se moría "de casta y de sencilla", del Congreso de Escritores antifascistas, del nacimiento y temprana muerte de su hijo Manuel Ramón.…

Luego en 1939 nacería el segundo, Manuel Miguel, el destinatario de aquellas sobrecogedoras Nanas de la cebolla ("Al octavo mes ríes,/ con cinco azahares/ con cinco diminutas ferocidades, / con cinco dientes/ como cinco jazmines adolescentes"). Acaba la Guerra con la victoria de las tropas franquistas. Miguel huye a Portugal y la policía de Salazar le entrega a la guardia Civil española.

Prisión y muerte
Miguel Hernández es condenado a muerte, pena conmutada por la reclusión perpetua gracias a la intercesión directa ante Francisco Franco de Cossío, entre otros intelectuales del bando vencedor. Tras un penoso periplo por penales de Sevilla, Madrid, Palencia y Toledo, Miguel fallece de tuberculosis en el Reformatorio de Adultos de Alicante. Allí, su compañero de celda, el joven dramaturgo Antonio Buero Vallejo, pintará el más célebre retrato del poeta que contaba, el día de su fallecimiento, 28 de marzo de 1942, apenas 31 años.

Bibliografía

Poesía
  •        Perito en lunas, Murcia, La Verdad, 1933 (Prólogo de Ramón Sijé).
  •       El rayo que no cesa, Madrid, Héroe, 1936.
  •       Viento del pueblo. Poesía en la guerra, Valencia, Socorro Rojo Internacional, 1937 (Prólogo de Tomás Navarro Tomás).
  •       El rayo que no cesa, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1949 (Prólogo de José María Cossío. Incluye poemas inéditos).
  •       Seis poemas inéditos y nueve más, Alicante, Col. Ifach, 1951.
  •       Obra escogida, Madrid, Aguilar, 1952 (Incluye poemas inéditos).
  •      Cancionero y romancero de ausencias, (1938-1941), Buenos Aires, Lautaro, 1958 (Prólogo de Elvio Romero).
  •       Antología, Buenos Aires, Losada, 1960 (Selec. y Prólogo de Mª de Gracia Ifach. Incluye poemas inéditos).
  •       Obras completas, Buenos Aires, Losada, 1960 (Ordenada por E. Romero. Prólogo de Mª de Gracia Ifach).
  •       El hombre acecha, Santander, Diputación, 1961 (Facsímil de la primera edición de 1939 perdida en imprenta).
  •       Obra poética completa, Madrid, Zero, 1979 (Introducción, estudio y notas de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia).
  •       24 sonetos inéditos, Alicante, Instituto de estudios Juan Gil-Albert, 1986 (Edición de José Carlos Rovira).


Teatro
  •       Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, Madrid, 1929.
  •       El torero más valiente, 1935
  •       El labrador de más aire, Valencia, Nuestro Pueblo, 1937.
  •       Teatro en la guerra, Alicante, Socorro Rojo Internacional, 1937.
  •       El pastor de la muerte, 1938



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