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sábado, 10 de diciembre de 2011

La intención es lo que cuenta

Hace una temporada que no publico nada en esta querida página, lo que no significa que esté inactivo. Llevo unos meses trabajando en una composición extensa, por el deseo de apartarme un poco del poema fugaz y abordar una tarea más robusta. Es una vieja inquietud que ahora está despegando el vuelo. Como dije será larga, de unos 1000 versos. Y esta vez he decidido cumplir con los cánones de la métrica. Serán tercetos encadenados los que transporten las palabras, con sus sinalefas, sus rimas y acentos en sus sílabas contadas  (3.ª, 6.ª y 10.ª, verso endecasílabo melódico que le llaman). Un curro, vaya. Un currazo. ¡Pero menudo placer juntar sílabas! Es mi modesto tributo a los maestros Dante, Garcilaso, Quevedo, Miguel Hernández y hasta Joaquín Sabina, que usaron este mismo metro para desahogarse.
A modo de adelanto, dejo aquí los versos de arranque, aunque aún podrían sufrir alguna variación. Cuando el viaje se acabe serán definitivos. Paz y salud.
Un abrazo.
José—Mohammed—Yusuf

CANTO I
La intención es lo que cuenta


Que comience mi viaje piel adentro
y desvele los nortes que soñaba,
trajinando, cautivo del teatro.

El rugir de la vida me extenuaba.
Afanado en llevar ramas al nido,
aparece un dolor que no esperaba.

Mas el mal se presenta bendecido,
y amarrándome al tálamo de muerte
regalábame el tiempo pretendido.

Generoso, Allah, porque convierte
desazón en poesía, y en melaza
la amargura. ¡Oh Señor omnipresente!

Agradézcote prórroga y hogaza,
y permite estos versos malheridos
en tu gloria. Por Ti esta mi alabanza.

Deseando mesura irán asidos
de cadenas antiguas, aunque libres,
mis tercetos, ¡valientes trotamundos!

Y midiendo con metro de prohombres
plasmaré, saludando a Garcilaso,
mi Isabel, la princesa de las cumbres.

Apartado del ruido en mi Parnaso
—la montaña Manar y sus vergeles—,
miraré sin ambages al ocaso.

No pretendo la gloria y sus laureles,
ni palmadas, ni halagos de artificio,
sino paz sosegada y sin desfiles;

instruir mi cerebro con oficio;
arrobarme en la vega paduleña,
y poblar de estas letras mi edificio.

Pintaré la ventisca con alheña,
hablaré unos lenguajes olvidados
y oleré los gemidos  de la leña.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

!!!tercetos medidos milimetro¡¡¡ Hermoso. Animos y a seguir...

palacio1 dijo...

De Categoria!!!