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miércoles, 20 de abril de 2011

El sagrado arte de escribir

Winston Manrique Sabogal

Todo en el mundo existe para acabar convirtiéndose en un bello libro.
Stéphane Mallarmé

San Mateo y el ángel. Rembrandt
Semana de culto y homenaje al libro. En eso vamos a convertir estos días de Semana Santa, aprovechando que el Día del Libro será este sábado 23 de abril. Porque para muchos el libro y la lectura son sagrados. Será una serie muy corta entorno al arte de escribir y de leer. Una serie que ustedes completarán porque cada día habrá un par de citas de grandes escritores y los lectores darán su propia opinión. Al final de la serie, el sábado 23, habrá una gran pregunta. Es el segundo año que en este blog rindo homenaje al libro y su mundo, en 2010 el tema fue el proceso de creación literaria y como resultado surgió la Biblioteca oral de los lectores de los lectores de Papeles perdidos.

El arte de escribir es el tema que abre este especial. Y empiezo con lo que decía Vladímir Nabokov: "El verdadero escritor, el hombre que hace girar planetas, que modela a un hombre dormido y manipula ansioso la costilla del durmiente, esa clase de autor no tiene a su disposición ningún valor predeterminado: debe crearlos él. El arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción. Puede que la materia de este mundo sea bastante real, pero no existe en absoluto como un todo fijo y aceptado: es el caos; y a este caos le dice el autor: '¡Anda!', dejando que el mundo vibre y se funda. Entonces, los átomos de este mundo, y no sus partes visibles y superficiales, entran en nuevas combinaciones". 

Un mundo, el de la creación literaria, sobre el cual Isaac Bashevis Singer da más pistas: "La experiencia me ha enseñado que no hay milagros en la escritura: sólo trabajo. Es imposible escribir una buena novela con solo llevar una pata de conejo".

Katherine Mansfield, maestra del cuento, expresó así su impulso de escritura: "Ahora, ahora quiero escribir recuerdos de mi propio país. Sí, quiero escribir sobre mi país hasta que se agote mi bagaje. (...) Debe ser misterioso, como si flotara. Tiene que dejarles sin respiración. Tiene que ser 'una de esas islas...'. Lo contaré todo, incluso cómo rechinaba la cesta de la ropa en el 75. Pero se tiene que contar todo con un sentido del misterio, resplandeciente, con una incandescencia pasada, porque tú, mi pequeño sol de allí, te has puesto. Te has caído hacia el borde deslumbrante del mundo. Ahora me toca a mí representar mi papel".

Sí, más que patas de conejo se necesitan. Gabriel García Márquez lo expresa así: "A mí me encanta escribir, no sé como se pudo inventar eso de que la literatura es un sufrimiento. Otra cosa, cierto, es lograr que el lector me crea. Esa sí es una desesperación hasta que se calienta el brazo y todo sale, y se mezcla, y empieza, en fin, a tomar forma. Pero el lector tiene que creer siempre, si no todo ha fracasado".



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