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miércoles, 3 de marzo de 2010

Sin retorno


Atisbo luces en tierra, pero ya no puedo con mi alma. Los compañeros de patera me prestan unos centímetros para confortar mi agonía. Uno coloca su bolsa de plástico bajo mi nuca. ¡Gracias, hermano! Palpa mi frente. Susurra unas palabras muy dulces. Ya sé que mi tumba será la mar tras arrastrarme miles de kilómetros en pos de un sueño. ¡Mala suerte! Visualizo imágenes vertiginosas: mi casita en Kabara, los ojos de Fátima, historias familiares… El oleaje entona la última nana. Mi mente ya no rige. Los párpados se rinden. Ya no hay retorno. ¡Estamos en paz! Ashahadu Allah il…
José Urbano Priego © 2010

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